El ser humano es dificil...
Que nadie crea que voy a contar mi vida tal cual es... A veces es peor que esto.
Perfil
Nombre: [Lununa]
Edad: [No molestes...]
Altura: [Depende. En general levito a unos 10 cm. del piso]
Peso: [Ingrávida]
Signo: [Geminis, ascendente tauro, ¿trabajás o estudiás? ¿venís siempre acá?]

Me gusta: [Los helados de chocolate, las peliculas de amor, los dibujos animados, las ciudades, los beatles]

No me gusta: [Hablar de mas. Por eso escribo (de mas)]

ICQ: 117429794
E-m@il: lununa@terra.es

Mi dibujito:?llevame a tu blog!

De aqui a Jolivúd (Lununa tiene película!!!):

EL LINK A LA PRINCESITA DE LAS GALLINAS:

llegó la nena del gordito, la nieta de Mirta!!!


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Premoniciones 

jueves, julio 13, 2006

Vas a venir un día, con la mirada más triste de tus ojos de perro apaleado, y te vas a reir y a decir tonterías.

Vas a estar más flaco, menos presentable, más nervioso que siempre y sin cigarrillo que te aquiete las manos.

Vas a llevarme al bar que yo elija, vas a pedir café con leche y un croissant, seguro que va a hacer frío.

Vas a contarme del trabajo, de tus compañeros, del buchón de tu jefe, y de que quizás te busques otra cosa, no sabés.

Vas a preguntar por la nena, vas a darme algún consejo, me vas a decir que tus hijos están bien.

Vas a buscar el momento justo para decir lo que querías, y antes de que lo encuentres, voy a ser yo la que te lo pregunte.

Vas a decir perdoname, y te voy a perdonar porque no sé hacer otra cosa.

Vas a pedirme volver a vivir juntos, voy a poner condiciones, vamos a dejar todo claro y a ponernos de acuerdo.

Vas a abrazarme, nos vamos a besar y a reir, vamos a volver a discutir, a divertirnos, a mirar tele, a malcriar a los chicos (vos a la mia, yo al tuyo), vos vas a hacer la polenta y yo el tuco. Vamos a ser felices, van a pasar los años.

Vas a morirte de viejo entre mis brazos, pedazo de repelente... sin haberme dicho nunca te quiero.

lununa, 7/13/2006 01:24:00 p. m.


Soy una princesa 

viernes, julio 07, 2006

Hay un sapo en el fondo de un charco. En general no se ve, pero una sabe. Está lleno de barro, y como todos los sapos, mete un poco de miedo, ya saben, los cuentos de brujas y esas cosas, el rechazo a la piel fría, las verrugas...
Cada tanto el sapo croa. Muy pocos lo escuchan, muchos se cansan, da tristeza el croar monótono de un sapo hundido en el fondo de un pozo lleno de barro.
El sapo sabe que yo sé que está, y cada tanto, croa para mi. La mayor parte de las veces a mi también me pone triste, y el sapo lo sabe. No es tonto el sapo, sabe el efecto que provoca en quien lo escucha, y yo se que me cuida, que intenta no ser duro conmigo. Aunque no es nada fácil ser amable para un sapo en el fondo de un pozo lleno de barro.
Hace unos días el sapo habló. No fue tan sorprendente que hablara, tampoco que me dijera que le dolia el barro y el fondo del pozo. Yo sabía que no era un sapo como los demás. Y a pesar de saberlo, lo que me sorprendió fue que en vez de contarme el cuento del príncipe encantado (que es lo que cabe esperar de cualquier sapo que habla), me dijo que estaba convencido de que yo era una princesa.
Hay un sapo en el fondo de un charco lleno de barro que es feliz porque cree que lo escucha una princesa. Y yo, que lo quiero por sapo y no porque lo crea un príncipe encantado, me siento incapaz de defraudarlo.

(el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño, y al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero... Violeta Parra, Volver a los 17)

lununa, 7/07/2006 01:11:00 p. m.


Chau 

viernes, noviembre 04, 2005

Todos conocemos gente, en mi caso particular, mucha gente. A veces pienso que demasiada, y si tuviera que escribir una novela sobre mi vida, se haría confusa por la cantidad de personajes. Tampoco ayudaría a clarificar la cantidad de situaciones raras, insólitas o descabelladas en las que normalmente me veo envuelta, pero bueno, no es eso de lo que estoy hablando.
Estoy hablando de la gente que me rodea. De los que viven en mi casa, de los que no pero casi, de mis amigos de carne y hueso, de mis amigos virtuales, de los que me leen y comentan, de los que apenas me leen. Los primeros, los cercanos, tienen la oportunidad de verme, de pelearme, de discutirme, de quererme aunque lo que sea y de odiarme si tienen ganas.
Los demás, ustedes, los fantasmas que leen esto, no. No tienen otra opción que inventar a una Lununa que les cuenta pedazos de su vida. Con pedazos sueltos no se arma el rompecabezas, y caigo en la tentación de contar los pedacitos que hagan que todos esos que no me conocen y creen conocerme, o que me conocen por partes, quieran y admiren a Lununa, pobre chica, tan valiente, tan buena madre, tan sola, tan inconscientemente infeliz.
Me creí a Lununa, tanto como me creí a otras que otros vieron. Tanto que me cansé de ella, como me cansé del mar de azul falso de este blog, como me cansé de escribir lo que no tengo mas ganas de contar.
Así que me despido. Este blog se cierra, de aquí a un mes, desaparece.
Gracias por todo.

lununa, 11/04/2005 12:19:00 p. m.


Per molts anys (i menys problemas) 

sábado, mayo 28, 2005

Podrán llamarme superficial o lo que quieran, pero hay días a los que una no querría llegar nunca. Uno de esos días ha sido ayer, 27 de mayo de 2005, día de mi cumpleaños número 40.
Me venía haciendo la gila, que no pasa nada, que no me importa, que lo mismo da 40 que 39 y que, como dice mi mamá, mejor cumplir años que mirar crecer los rabanitos desde abajo. Juro que hice todo lo posible para no deprimirme. De hecho, tenía una entrevista a la mañana para un puesto de arquitecta, ¿qué mejor regalo que un buen trabajo? Me levanté temprano, era la fiesta mayor del pueblo así que los chicos no tenían cole. A los cinco minutos, Julia levantada atrás mío pidiendo que no me fuera, Joaquin que tenía que irse a la plaza con los amigos... al final transé que se quede con ella hasta que yo volviera al mediodía.
Por supuesto que el tranvía me cerró las puertas en la cara, el metro lo mismo. Igual llegué temprano. Lo primero que me preguntó la entrevistadora fue si tenía el título homologado. Le dije la verdad, que tengo todo el papelerío aprobado y que voy a rendir los finales en junio... y me dijo que entonces no tenia sentido la entrevista, que necesitaban un colegiado ya mismo, y adios.
Me fui con la cabeza gacha, precisamente porque esa es una de mis mayores preocupaciones, que no tengo tiempo para estudiar y temo no dar los exámenes y no salir nunca de vendedora. Viendo asi de negro mi futuro, me fui para casa después de que otra vez el metro me cerrara las puertas en la nariz.
No había cobrado, así que decidí bajar del metro en Cornellà y comprar las cosas para el cumple en el super Eroski, que para algo me dio una tarjeta de crédito. Yo sabía que me olvidaba de algo... ¡me olvidaba que era la maldita fiesta del pueblo, y el único comercio en todo el Baix Llobregat que podía venderme comestibles dado el estado lamentable de mi cuenta bancaria estaba cerrado!
Ya resignada vi otro tranvía cerrarme las puertas en la nariz y volví a casa, dispuesta a descargar mi furia a escobazo limpio. Me puse a hacer limpieza, pero profunda, incluso no con poco esfuerzo cambié por tercera vez los muebles de lugar, a ver si me cambia el feng shui, el karma o no sé lo qué.
Lo malo de la limpieza general es que, como nos agarró una especie de brote ecológico y separamos la basura (en el lugar donde fueres, haz lo que vieres, dicen), en pocos días se juntan una cantidad de bolsas con envases de plástico, otras con cartones, otras con vidrios, imposibles de sacar de una sola vez. Junté una bolsa de diarios, otra de botellas y otra de basura de verdad, y me bajé los 4 pisos sin ascensor recomendando a Julia no salir bajo ningun concepto, no fuera cosa de que el viento le cerrara la puerta. Obviamente, cuando llegue al cuarto de vuelta me encontré a Julia llorando en el rellano, y la puerta cerrada, yo sin llave, en ojotas, con las patas sucias y la remera manchada de lavandina de limpiar, sin teléfono, sin una moneda, sin llaves, y sin vecinos ya que a esas horas estaban todos trabajando. Traté de abrir la puerta con un destornillador que encontré en el ático, pero acá las cerraduras son distintas que las de Argentina, y no pude. Probé con un alambre que me dio una vecina del primero, pero comprobé que no soy Mac Gyver. De lo de la vecina del alambre llamé a Edgardo (es el único teléfono que me acuerdo de memoria), para que llame a Joaquin que estaba en lo del amigo para que viniera a abrirnos. Atendió el contestador, Edgardo estaba arriba de un andamio y al final, nos pasamos una hora y media prisioneras en nuestra propia escalera.
Ya adentro, terminé de limpiar y vino Edgardo con la noticia de que el sábado a la mañana trabajaba y como el sábado a la tarde tenía un examen, tomamos dos mates, comimos algo y se encerró a estudiar.
A las 11, como la vieja cuarentona que soy, ya me había ido a la cama. Doce y diez, dormida como un tronco, escucho mi celular. Lo atiendo, y ¿adivinen quien era?
El infeliz, mi ex marido, el mismo que hace 15 días llamó amenazandome de muerte porque quería saber quien vivía conmigo (no con su hija, conmigo), mas dulce que un caramelo, ¡para desearme felicidades!
Por lo tanto, declaro desierto el olvidable día de mi cumpleaños por el momento.
Y al que pregunte, sigo teniendo 39. Por lo menos, hasta que pueda soplar las velas como se debe.

lununa, 5/28/2005 06:59:00 p. m.


Un mail 

miércoles, mayo 11, 2005

Ayer me llegó algo por mail.
Y la vida puede ser una mierda, el trabajo agotador, el tiempo puede no alcanzar ni para la mitad de las cosas que me propongo, puedo sentirme sola, puedo esperar demasiado de la gente que me rodea, puedo sentirme cansada, insatisfecha, vacía, puedo extrañar a mi mamá, puedo agobiarme, sentirme inútil y desesperarme.
Pero ayer llegó un archivo adjunto. Un documento de Word que mas que palabras, trae un pedazo del alma de alguien que, a veces, se cree desalmado.
Y que me hace sentir orgullosa de mi misma, con sólo haberse tomado el trabajo de quererme.

lununa, 5/11/2005 06:17:00 p. m.


Otra vez la luna 

martes, marzo 08, 2005

No sé si lo voy a poder contar. O por lo menos, no sé si se va a entender como lo siento.
Hay que ser de Avellaneda, supongo. Hay que ser la hija de quien fue el presentador de las orquestas en los bailes de Carnaval del Club Social y Deportivo Orientación Juvenil. Hay que haber nacido y vivido 40 años en un barrio en el que había un club cada dos cuadras, Orientación (que da a los fondos de mi casa), Juventud Independiente, Unión, Rioja, Peñarol de La Mosca, Idea Feliz, Brisas de Primavera, El Faro, 9 de Julio. Hay que haber crecido escuchando historias del apogeo de esos clubes y comprobado desde la infancia, con pena, su decadencia.
Pero sobre todo, hay que ser de Avellaneda. Y en cada imagen, en cada fotograma, identificar algo conocido. El bar horrible del costado de la estación (que sin embargo es tan cinematográfico), el club Regatas, el colectivo 37, la municipalidad nueva, los monoblocs de enfrente de la cancha, las casitas a la orilla del Riachuelo mugriento, el carnet del club, igualito al carnet de vitalicio de Independiente...
Y la luna. La luna del derecho, la luna en el Riachuelo, sobre el puente Velez Sarsfield, y Ricardo Darín mirándola, como yo tantas veces. La luna de mi viejo, de mi vieja, de mi casa, de mi barrio, mi Luna de Avellaneda. La luna de Lununa. De Avellaneda.
Es lo que digo yo, por algo no soy crítica de cine. Es que no se puede, no hay derecho. No hay derecho a que vea esa película justo cuando estoy a 12000 km de distancia, en un mundo que me es ajeno, y en el que la luna, por mucho que la mire desde la ventana de mi dormitorio, y por mucho que intente acostumbrarme, sigue estando patas para arriba, del revés.
Que cosa la luna, igual que yo.

lununa, 3/08/2005 07:16:00 p. m.


Navidad 

domingo, diciembre 26, 2004

Tengo que reconocer que tenía miedo. Es que las cosas vienen saliendo demasiado bien, y ya hacía una o dos semanas que andaba un poco cabizbaja, extrañando las Navidades del verano y el perfume del tilo, como diría Faivel.
Miedo, en realidad, siempre tengo. Un miedo estúpido, el miedo del que no puede creer que lo que le pasa sea cierto. Hace dos meses que Edgardo (el canoso, ya saben) está acá en Cornellà, viviendo con nosotras. Llevo 40 años casi de arreglármelas sola, mal o bien, y de repente encontrarme con alguien que tira del carro conmigo, que se ocupa de nosotras, que supera las dificultades con alegría, que cuenta conmigo tanto como yo puedo contar con él, es como una especie de milagro. Y ya saben, 40 años de palos me hacen sospechar de lo bueno, tener miedo de que se acabe.
Pero no es eso de lo que quería hablar. Decía que la Navidad me asustaba, que la perspectiva de la primera fiesta lejos de la familia me tenía un poco preocupada.
El 24 fuimos a cenar a la casa de una familia argentina, amigos de Edgardo, en pleno centro de Barcelona. Llevamos vino, cava y regalitos para las nenas, comimos matambre, pollo al horno y flan con dulce de leche, charlamos y nos reimos. Volvimos a la madrugada, por las avenidas de la ciudad desierta, muertos de frio como en las películas navideñas de Nueva York (me acordaba de Cuando Harry conoció a Sally), tomamos el nit bus y en casa abrimos los regalos grandes que papá Noel no pudo llevar tan lejos.
El 25 nos levantamos tarde, tomamos mate en la cama, limpiamos la casa y terminamos de armar el armario del dormitorio (hay que ver que todavía no estamos instalados del todo, y además Edgardo tenía que estrenar la caja de herramientas que le regalamos). A la nochecita vino la vecina, una uruguaya casada con un español, a invitarnos a tomar algo en su casa. Tomamos mas cava, charlamos de futbol, de Argentina, de Uruguay, y al final se hizo la hora de dormir sin darnos cuenta.
Y así se pasó la primera Navidad. Tanto preocuparme por estar lejos de la familia, casi no me doy cuenta de que aquí mismo, a mi lado, estoy empezando a tener una familia. La mía, la que siempre quise.
Termino el post con las palabras de Edgardo, levantando la copa a las 12 de la noche y mirándome a los ojos:
“Que seamos felices. Todos”

lununa, 12/26/2004 07:44:00 p. m.


Seducida y desencantada 

lunes, septiembre 27, 2004

Mi mamá y yo fuimos, como la Sra. Bertotti, seducidas por Karlos Arguiñano. Pero no por su condición masculina, que va. A mi vieja y a mi nos mataba de envidia con su placa vitrocerámica. Que belleza, ese cristal negro, brillante, embutido en el mármol de la mesada, que con apenas un toque de la botonera digital se ponía al rojo y freía, hervía o tostaba lo que fuese. Cualquier cosa, pensábamos nosotras, sabría a manjar cocida con ese artilugio del futuro.
Como engaña la tecnología al ama de casa inocente, señores. Tengo en esta casa una de esas malditas placas. De belleza, no hablemos. Siempre está pegajosa, y aunque la ataques con el antigrasa, se ensucia hasta con el aliento. Al máximo quema la comida con olla y todo, al mínimo te deja listo el almuerzo para la hora de la cena, y el punto medio, si existe, está mas escondido que Bin Laden. No pude, desde que llegué, tomar un mate a la temperatura justa: o frío, o hervido, no hay opción.
Con el horno eléctrico, misma historia. El asado al horno se seca, las papas se arrebatan por fuera y quedan crudas por dentro, la pizza sale dura yo con la muzzarela quemada...
Ya le dije a mi vieja, que aunque se gane el quini, ni loca se compre esa placa de mierda.
No hay como la vieja Domec: con el horno encendido y la puerta entreabierta, tira el calor justo para levar la pizza, la pava al costado de la hornalla te mantiene el agua a la temperatura justa, y en invierno no hay calorcito mas lindo que el que se siente al acercar el traste al fuego, apoyando las manos en la manija del horno.
Si no consigo pronto una cocina de gas, mi autoestima de cocinera se hunde en el fango de la modernidad. Terminaré comiendo paellas de freezer y pizzas tipo sibarita mal recalentadas.
Y lo peor es que tengo miedo de que me guste.


lununa, 9/27/2004 11:37:00 a. m.


Parte de novedades 

jueves, septiembre 23, 2004

Voy a escribir este pequeño post de novedades, porque al final me hago la poeta hablando de la cabina de teléfonos, pero no cuento nada.
El canoso llega a Alicante el lunes 27, con papeles y todo, y en dos o tres días lo tenemos en casita. Él tiene trabajo allá, así que en principio nos veremos los fines de semana. El hecho de que se venga casi inmediatamente a BCN luego de hacer el primer trámite y desembarco (incluso antes de ponerse a laburar) levanta mi alicaída autoestima emocional de una manera, que no se imaginan.
De la casa extraña del ex hombre de mis sueños (que se casó hace dos semanas, pero su boda merece post aparte) me mudo la semana que viene, alquilo un depto mas cerca del trabajo, en una zona muy linda, parquizada, con pinos y cerca de la playa. El departamento es nuevo casi, tiene dos dormitorios, calefaccion, etc., y no hay que hacerle nada, me lo alquila el encargado del local donde trabajo.
Julia todavía no va al cole, porque mandarla dos semanas a uno y después tener que cambiarla me pareció una tontería, además de un problema para ella. Ya empezó a hablar en catalán y está escribiendo un libro basado en los personajes de scooby doo, que también será motivo de otro post, por supuesto.
Con toda esta historia de mudanzas y etc. ando nerviosa, pero bien, contenta porque voy para adelante.
Y mucho, pero mucho mas contenta porque tenemos canoso cerca.

lununa, 9/23/2004 03:33:00 p. m.


Enfrente 

viernes, septiembre 17, 2004

Vivo justo enfrente de la iglesia del pueblo. Aparte de escuchar las campanadas cada cuarto de hora y conocer todos los acontecimientos sociales (cada casamiento, bautismo, comunión o funeral se festejan prácticamente en la vereda de mi casa), como la planta de la iglesia está girada unos 30ª respecto de mi calle, tengo vistas a dos pequeñas plazas triangulares, una al costado y la otra frente mismo a la entrada de la iglesia.
La placita del costado era un hueco mugriento, hasta que al cura se le ocurrió instalar una virgen y hacer un jardincito. La idea funcionó, ahora la gente va y pone velas en una especie de tarimas escalonadas construidas a tal efecto, las novias dejan sus ramos, los muertos sus coronas, nadie mea en los rincones y todos contentos.
Sobre todo Julia, que cada día va a rezarle a la virgen para pedirle que le mande juguetes, y la semana pasada encontró una Barbie en la calle. Ahora cree en los milagros, pero se queja porque el Ken todavía no aparece. Yo le digo que debe ser porque después de rezar se roba una flor para regalarme, ella se ríe y yo tengo una estantería llena de flores secas.
En el vértice de la plaza mas grande, justo debajo de la ventana de mi dormitorio, hay una cabina de teléfonos, de estructura de aluminio, casi como la que Clark Kent usaba para vestirse de Superman. La cabina es la preferida de los inmigrantes de todo el mundo. Cada noche, o cada mañana, dependiendo de la franja horaria del país de origen del interesado, me arrullan conversaciones en árabe, en francés, en rumano, en chino o algo parecido y en toda la variedad posible de acentos sudamericanos.
Una noche, en plena duermevela, oía sin escuchar una voz que, de alguna manera, me llamaba la atención. Tanto que me desperté del todo y abrí la ventana para ver porqué.
El que hablaba era argentino. Por eso me despertó. Y ahí me quedé, en el balcón, como una boba, escuchando cómo esa voz que me era familiar sin serlo le contaba cosas a quien sabe quien. No sé bien de que hablaba, solo escuchaba la voz, el acento, las palabras conocidas.
No es que no vea argentinos, hay argentinos a montones. Pero todos nos vamos mimetizando, adoptando palabras, cadencias, modismos, mas que nada para que los de acá nos entiendan, y hablamos distinto.
Este no. Este hablaba con la madre, o el hermano, o un amigo. Un argentino puro, como un fantasma de otro mundo o de otra dimensión.
Entonces supe que estoy lejos. Muy lejos.

lununa, 9/17/2004 10:26:00 a. m.



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