El ser humano es dificil...
Que nadie crea que voy a contar mi vida tal cual es... A veces es peor que esto.
Perfil
Nombre: [Lununa]
Edad: [No molestes...]
Altura: [Depende. En general levito a unos 10 cm. del piso]
Peso: [Ingrávida]
Signo: [Geminis, ascendente tauro, ¿trabajás o estudiás? ¿venís siempre acá?]

Me gusta: [Los helados de chocolate, las peliculas de amor, los dibujos animados, las ciudades, los beatles]

No me gusta: [Hablar de mas. Por eso escribo (de mas)]

ICQ: 117429794
E-m@il: lununa@terra.es

Mi dibujito:?llevame a tu blog!

De aqui a Jolivúd (Lununa tiene película!!!):

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llegó la nena del gordito, la nieta de Mirta!!!


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Vagancia 

miércoles, junio 30, 2004

No es que no tenga ganas de escribir, al contrario, me sobra tema. El problema es que se me agarrotan los dedos. O no, tampoco son los dedos, aunque a medida que voy agarrando velocidad en mi sistema dactilográfico bidigital, se me enfrían que da miedo.
Lo que no tengo es voluntad para el acto mecánico de escribir. Alguno de esos genios que pululan por Japón tendría que inventar un aparato que tipee solo, directo del pensamiento a la pantalla.
Imagínense, tirados bajo la frazada, calentitos, dictando por telepatía, por cable o como sea que el ponja de turno lo invente, y viendo el post reflejado en la pantalla, sin faltas de ortografía, con todas las comas. Que cada vez que uno encadene un pensamiento, te aparezca en forma de link, sin necesidad de HTML ni cosa parecida. Que las imágenes aparezcan directo del cerebro, no como son sino como creemos que son, como las recordamos.
A ver si algún nipón lee esto.
Yo dejo, que tengo los dedos helados.

lununa, 6/30/2004 10:59:00 p. m.


Catorce horas 

martes, junio 22, 2004

El viernes los colectivos de larga distancia amenazaban con un paro para el fin de semana largo, así que esperé. Cuando llegué al trabajo el sábado a la mañana, me sorprendió que al abrir el Explorer apareció, en vez de la predeterminada, la pagina web de Clarín, con la noticia de que el paro se había levantado.
Tuve clientes, a la decoradora que va a cambiar el showroom y a la gerente rondándome alrededor hasta las cinco de la tarde. A esa hora, le dije a mi compañera Silvana que me iba media hora a Retiro, a comprarme los pasajes. Tenía miedo de que se quedara sola, así que antes de salir me perdí 20 minutos buscando el llaverito de la alarma del local. No lo encontré y me fui apurada, en taxi e intranquila, porque el domingo anterior habían baleado al muchacho de la fábrica de pastas de la esquina.
Llegué a Retiro, entré a la terminal y empecé a caminar. Me pedían burradas por un pasaje piojoso a Mar del Plata. Al final conseguí, bien de horario y bien de precio. Pero en esa boletería no aceptaban Visa Electrón, así que me fui para la planta baja a buscar un cajero automático.
El primero que encontré no tenía plata. El segundo, como a 300 metros del primero, estaba fuera de línea. Puteando a los que hicieron ese mamotreto de estación y no pusieron mas que dos cajeros, me fui a la calle a ver si encontraba alguno.
Tengo una noticia: No hay cajeros automáticos en Retiro. Supongo que tendrán miedo de que las hordas ferroviarias los asalten. Supongo que si cruzaba la plaza, seguro que en el lobby del Sheraton había. Pero yo estaba apurada y necesitaba 60 pesos, para volver a la terminal que cada vez estaba mas lejos.
En una esquina entre la estación del Mitre y la del San Martín, encontré un localcito todo de vidrio que vendía pasajes a todas partes. Entré, pregunté, había mismo horario, empresa y precio, y había Visa. Que suerte, dije yo.
En eso que estaba pagando se escuchan gritos en la vereda. Un montón de pibes con camisetas verdes de futbol empujando a otros dos, la policía en el medio. De repente, los dos empujados se meten al local, y atrás de ellos, dos grandotes con dos handys que no paraban de hablar. En la vereda, dos canas tratando de contener a los de verde, que resultaron ser la barra de Atlético de Junín. Imposible, entre dos polis, parar a la marea verde que golpeaba a puño batiente en los vidrios del local de venta de pasajes, acusando a los dos que estaban adentro de haberlos querido robar.
Mientras los de los handys, que parecían ser policías de civil, revisaban a los refugiados para ver si en verdad eran ladrones o tenían armas. No sé quien estaba mas asustado, si los refugiados, la empleada de los pasajes que estaba pálida y llamaba por teléfono a todos sus jefes, o yo que fui invitada por mi propia seguridad a pasar del otro lado del mostrador mientras pensaba que se hacía tarde y Silvana iba a tener que cerrar sola y sin saber el código de la alarma, porque yo de ahí sin los pasajes no me iba.
Al final la hinchada verde se dispersó, saqué los pasajes y me fui a la parada del 106. No venía, era tarde y al final terminé tomándome otro taxi, manejado por un rubio insoportable parecido a Marcos Di Palma, que intentaba por todos los medios interesarme en la historia de su vida.
Por suerte llegué al trabajo 15 minutos antes de la hora de cerrar, por suerte el domingo fue tranquilo, por suerte me pude ir a horario para llegar a las siete a tomar el micro, que salía siete y cuarto.
Siete y diez el micro no estaba. Siete y cuarto, tampoco. Pregunté, y me aseguraron que era en ese andén. Siete y media, apareció.
Llegué a Mar del Plata a la una de la madrugada, Edgardo me esperaba desde hacía una hora. Nos fuimos para el departamento que mis viejos tienen allá, y no había luz. Se ve que a alguien se le traspapeló el recibo y no lo pagó. Después, ya en Buenos Aires, encontré el recibo impago en el fondo de una de mis carteras, por lo que ese alguien terminé siendo yo. Cuando entré al baño, estaba lleno de escombros, medio cielorraso caído en el suelo, por alguna pérdida del sexto piso, así que tuvimos que ponernos a laburar a la luz de las velas... porque sin baño, imposible.
Estuve en Mar del Plata catorce horas. Catorce horas que valieron por todos los inconvenientes, por las doce horas de viaje ida y vuelta, por el susto de la hinchada, por el trabajo que nos dieron los escombros. Catorce horas de felicidad, de intimidad, de sueños compartidos que quieren algún día ser proyectos. Catorce horas para reconocer todas las dificultades que tenemos para llevarlos a cabo, y darnos fuerzas para enfrentarlas.
No sé si podremos volvernos a ver antes de que yo me vaya. No sé cuando podrá viajar Edgardo con sus benditos papeles. Tampoco sé si alguna vez podremos empezar a construir una vida juntos, en vez de sólo soñar.
Pero para cuando me sienta triste, o sola, o crea que ese día no va a llegar nunca, me llevo conmigo el reflejo del sol en el mar, el brillo de sus ojos húmedos, y cada minuto de esas catorce horas.

lununa, 6/22/2004 10:04:00 p. m.


Babas en el messenger 

sábado, junio 19, 2004

Que soy una madre babosa no es secreto para nadie. Que considero a mi hija la criatura mas inteligente y linda del universo, tampoco. Cada inquietud de la nena (mamá quiero ir a baile, quiero ir a inglés, mamá comprame un libro, mamá dejame usar la compu)es estimulada y apoyada sin ninguna clase de reparos por mi parte. Además, y según sus dichos, los 5 años es la edad perfecta para aprender cosas, así ya está preparada para cuando vaya a primario. Si ella lo dice, para qué desmentirla.
A veces te juega en contra. Julia ya sabe leer, y cuando se para atrás mío a esperar su turno para usar la máquina, la desgraciadita me lee el correo. ¡Y lo peor es que pide explicaciones! Ya tiene dos casillas de email a falta de una, y el último chiste fue pedirme que le saque una cuenta de Messenger. Es que le interesaban los emoticones, según dijo.
Ayer se la saqué, y me olvidé. Hoy, once de la mañana, me llama al trabajo:
- Mami, quiero conectar el messenger
- Si estás hablando por teléfono no vas a poder (no tenemos adsl)
- ¡Ya sé, mamá! Decime como es y te corto.
- Donde dice lununa, poné julia
- Ya está
- Ahora poné la contraseña que es....
- Ya está
- Bueno, intentá y cualquier cosa llamame.

Corté esperando 50 llamados mas por el estilo... y no pasaron ni 10 segundos que me apareció el cartelito "Julia has signed in"
Esta es la transcripción del primer messenger de mi hija Julia, de 5 años, 3 meses y 26 días de edad. Un babero a la izquierda, por favor.

Lununa dice:
HOLA JULITA!!!!
Lununa dice:
HOLA JULIA
Lununa dice:
QUE NENA INTELIGENTE QUE TENGO
Lununa dice:
Y LINDA
Lununa dice:
LA MAS LINDA DE TODAS
Lununa dice:
ESTAS LEYENDO?
Julia dice:
si mamita
Lununa dice:
JULITA, AHORA DESCONECTA
Lununa dice:
NO LE GASTES MAS TELEFONO A LA ABUELA
Julia dice:
te quiero muchiscimo
Lununa dice:
YO TAMBIEN, LINDA
Lununa dice:
DESCONECTA
Lununa dice:
CHAU
Julia dice:
masque anadie en el mundo
Lununa dice:
YO TAMBIEN TE QUIERO
Julia dice:
chau mamita


lununa, 6/19/2004 01:28:00 p. m.


Canoso 1, Lununa 0 

lunes, junio 14, 2004

Conversación telefónica entre el canoso y la que suscribe:
Canoso: - Vos tenés que quedarte tranquila y preparar el viaje.
Lununa: - Si, ya sé, pero viste... tengo miedo por Julia, allá estamos solitas, acá, aunque sea como los locos Addams, tiene una familia.
Canoso: - Bueno, la familia allá habrá que hacerla...
Lununa: -...
Fueron tres segundos de silencio, y cambié de tema.
Aqui la tienen a Lununa, la valiente, la que no se calla ante nada, la que le pone el pecho a las balas. Arrugando como una pavota ante la posibilidad de escuchar lo que siempre quiso escuchar.
Será la falta de costumbre, que se yo.

lununa, 6/14/2004 11:17:00 p. m.


Impotencia 

viernes, junio 11, 2004

Hace unos años, antes de que naciera Julia, con los últimos estertores del 1 a 1, me fui a Cancún con mi amiga Nora. Estuvo bueno porque, a pesar de que contratamos uno de esos viajes con hotel todo incluído, nos dedicamos a hacer excursiones por nuestra cuenta, viajando en transporte público y conociendo cosas que en un tour nadie te muestra.
El último día, sin embargo, decidimos quedarnos panza arriba en la playa del hotel porque al fin y al cabo era lo único que no habíamos hecho. En un momento nos metimos al agua, y no sé como nos arrastró una ola que nos llevó a un lugar donde no hacíamos pie, una especie de pozo. Era muy raro, estábamos a no más de cinco metros de la orilla, y sin embargo no podíamos salir. Nora le gritaba a un turista americano que tenía cerca, pero en pleno ataque de nervios, en vez de “help me” le salía “excuse me”, y el tipo, obviamente, ni cuenta que se daba. Yo me hundí tres veces, tratando de darme envión tocando el fondo, pero al fondo nunca llegué. A la tercera que salí a flote, miré a mi alrededor, la arena blanca, las palmeras, el mar turquesa, y me dije a mi misma: “yo acá no me voy a morir, este no es lugar para morirse” Y no sé como, pero salí. A Nora la sacó el yanquí, que al final se avivó.
Esa terquedad de salir de todo por las mías, medio de prepo, me da como una especie de sentimiento de omnipotencia que termina siendo uno de mis peores defectos. Me creo que puedo sola con todo, y lo peor es que no aprendo porque la mayoría de las veces puedo, aunque el de la soledad sea el camino mas difícil. Tengo la maldita costumbre de cerrarme, de sentir que soy la única dueña de mis problemas y también de mis soluciones.
La semana pasada fui con Julia a ver a su abuela después de la operación. No se la veía nada bien, e inmediatamente me arrepentí de haber llevado a la nena, que contra su costumbre, estuvo callada toda la tarde. A la noche, cuando la hacía dormir, Julia me preguntó:
-Mamá, ¿es cierto que papá me hacía dormir cuando era chiquita?
-No, Julia, cuando nos separamos vos eras muy bebé y te dormías antes de que él llegara.
-Ah, porque él me dijo que me hacía dormir, pero a mi ya me parecía que no podía ser.
Al rato Julia empezó, en silencio, a llorar unos lagrimones enormes, y cuanto más trataba de consolarla, mas lloraba.
El canoso está, como yo, a punto de emigrar. Con dos diferencias, una, que su visado todavía no sale y debería esperarlo por lo menos, tres meses más. La otra, que él ni siquiera tiene un trabajo piojoso como el mío, hace 5 meses que está acá, y no le da el cuero para seguir esperando. En la desesperación, quiere volver a España ya mismo, sin los papeles, a riesgo de que lo agarre en Barajas un policía malhumorado y lo deporte. Y yo no sé que decirle.
Mi amiga Nora, la de Cancún, está casada con Daniel, otro amigo de hace media vida. Hace tres años murió la hermana de Nora, a los 20, de un cáncer fulminante. Anteayer, de lo mismo, la hermana de Daniel. Nora fue al velorio de su cuñada con la campera de su hermana muerta. Fue desolador verlos a él sufriendo, y a ella sentirse otra vez pasando por lo mismo.
Por eso hoy siento a mi omnipotencia, a mis problemas y a mis soluciones, tan soberbios e inútiles. Me siento impotente por no poder cuidar a Julia de un padre mentiroso y de una abuela que se muere, impotente por no tener siquiera una palabra para ayudar al hombre que quiero, impotente ante el dolor y ante la muerte.
Lo siento mucho, de veras. Pero eso no soluciona nada.

lununa, 6/11/2004 12:42:00 a. m.


Exposición 

sábado, junio 05, 2004

La empresa en la que trabajo los fines de semana decidió participar en una feria de la construcción, Batimat- Expovivienda. Obviamente, ante la posibilidad de ganarme unos pesos, me enganché para pasarme la semana en el stand. No solo por las horas extras, también por la posibilidad de agarrar buenos presupuestos, para llevarme algo mas en este último mes.
El dolor de pies se pasa, los calambres en las piernas también, la ronquera y el dolor de cabeza duran hasta que me duermo.
Lo que es una mancha inmborrable y una afrenta imperdonable es la crueldad que en nombre del marketing han cometido con el buen gusto humano.
Se supone que el personal de stand tiene que estar uniformado para que sea facilmente identificable. Eso está bien, pero, ¿en que mente macabra puede gestarse la idea de ensalchichonarnos dentro de remeras de lycra mas aptas para promotoras veintaeñeras que para vendedoras veteranas superando la barrera de los 30 y pico? ¿A quien se le ocurrió que las remeras fueran de color verde loro, para estar a tono con la nueva imagen corporativa?
La verdad, verde y embutida, mas aún dado mi exceso de peso, me sentí una salchicha pasada, un salamín con moho, un matambre en mal estado.
Juzguen por ustedes mismos este atentado a la elegancia.



Y para que no digan que no se ve la cara, esta soy yo:




lununa, 6/05/2004 09:43:00 a. m.



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